Había muchos cadáveres, narra sobreviviente a masacre en Tlatelolco
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MORELIA, Mich., 2 de octubre de 2022.- Han pasado 54 años de aquel 2 de octubre de 1968, en que Rodolfo Avellaneda, entonces estudiante de la Vocacional 7, vio morir a varios de sus amigos bajo las balas del Ejército que, a las órdenes del régimen priísta de Gustavo Díaz Ordaz, dejó centenares de muertos y desaparecidos.
En entrevista con Quadratín, en el marco de la marcha conmemorativa y de protesta por la masacre del 2 de octubre de 1968, recordó las bengalas que arrojaron helicópteros militares que sobrevolaban la Plaza de las tres culturas, aquella tarde.
"Yo andaba repartiendo propaganda; en ese momento se escuchó la ametralladora, era la señal; había francotiradores, desde el edificio Chihuahua empezaron a disparar”, recordó.
Acompañado de sus hijos, con quienes marcha cada 2 de octubre para repudiar el ataque armado contra estudiantes y obreros, narró cómo cuando comenzaron los disparos la multitud se echó a correr, y desde ese momento todo fue un caos y confusión.
“Yo tenía 17 años, era estudiante de la Vocacional 7; corrí, iba a pasar frente al edificio Chihuahua, pero me fui por la plaza, y había muchos cadáveres. Conté como 10 muertos en la jardinera, perdí a tres amigos cercanos”, comentó.
Tras el tiroteo se dirigió al edificio Tamaulipas en busca de un amigo para encontrar refugio, con quien se resguardó en una farmacia, donde lograron esconderse. “No había luz, ahí estuve una noche, desde la ventanita del baño vi cómo cargaban bultos, no sé si eran cadáveres”.
Rodolfo relata cómo logró salir con una bata blanca de médico puesta, gracias a que un médico que lo protegió consiguió una orden para que pudiese librar los filtros de seguridad, y así logró llegar hasta el cine Guerrero.
Recordó el caso de su amiga Rosa Jiménez, a quien los militares dieron por muerta y junto con unos 60 cuerpos, narra que la llevaban a sepultar al panteón Dolores, cuando pese a sus heridas logró escapar.
“Cuando el camión que llevaba los cuerpos se iba a estacionar ella logró escabullirse, se ocultó entre unos arbustos y logró salir; les hizo la parada a varios camiones y nadie se detiene por ella, hasta que un taxista se detuvo y la llevó hasta su casa, en la Vocacional 6”, expuso.
Aquellas tres bengalas verdes fueron la señal de abrir fuego contra ocho mil manifestantes desarmados, profesores, intelectuales, amas de casa, obreros, campesinos, comerciantes y profesionales que demandaban un cambio democrático, tras décadas del mismo partido gobernante, mayores libertades políticas y civiles, y menor desigualdad.
A pregunta expresa, el sobreviviente considera que, aunque nunca se cumplió el pliego petitorio del Consejo Nacional de Huelga, que demandaba seis puntos, con el movimiento social de 1968 sí se lograron libertades democráticas.
“Lo que creemos que se logró con el movimiento fueron las libertades democráticas, porque esa es la bandera que se tiene; si se observa el símbolo del movimiento, es la unidad nacional en torno a la comunidad estudiantil, es el símbolo del Consejo Nacional de Huelga”, dijo.
Ante la anunciada prolongación de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública, hasta 2028, acción en que la oposición advierte una militarización de facto, Rodolfo se dijo respetuoso, pero confesó su desconfianza en el Ejército.
“Nunca he confiado en el Ejército, porque me tocó ver cómo disparaban sobre la gente, pero respeto”, dijo. Con tristeza e indignación, Rodolfo recuerda que el 23 de septiembre, durante la toma de la Vocacional 7, fueron desaparecidos 60 estudiantes de quienes nunca se volvió a saber nada.
El 2 de octubre fue la gota que derramó el vaso; el movimiento había resentido ya diversos episodios de represión entre julio, agosto y septiembre de 1968, y para el 2 de octubre ya se contaban decenas de desaparecidos y al menos 10 muertos.
El 2 de octubre de 1968 el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó al comandante Crisóforo Mazón implementar la Operación Galeana y desarticular al movimiento dirigido por el Consejo Nacional de Huelga, que consideraba una subversión sin fundamento y “un riesgo para la paz social”.