Tras bambalinas

La gran “exculpadora”
Para todos aquellos, que teníamos la esperanza de que las cosas cambiarían con el arribo de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de la República, hoy podemos bajar banderas. Todo indica que, por un lado, ella no está al mando. Por otro, ella se reconoce como parte de un “movimiento”, que pretende transformar al país en otro tipo de Estado.
La tesis política del creador de Morena, sigue presente en todo lo que hace y dice. Y hay que recordar que aquel, alguna vez dijo: “El movimiento soy yo”, que se traduce ahora en: “El Estado soy yo”. Pretenden ser los promotores de una nueva forma de revolución “pacífica”, apuntalada en el hartazgo de la gente por el acaparamiento de fortunas en unas cuantas manos.
Andrés Manuel López Obrador es el tipo de líderes que cree, que un movimiento se pierde si no hay un punto de conflicto, que mantenga en el pueblo la percepción de injusticia e inequidad. Por eso, México hoy está polarizado. Impera el odio. Y viene lo peor. Los factores reales del poder también podrían dividirse. El Ejército, el Partido, el Congreso de la Unión y el Poder Judicial, responden a dos correas de transmisión.
Las fracturas que se han detectado al interior de Morena, son un reflejo de ello y obedecen, en gran medida, a esta visión de algunos líderes políticos, que sienten que la cadena de mando sigue estando en Tabasco. El problema, es que las bases ideológicas de la auto denominada 4ª Transformación, empiezan a hacer crisis, porque contradicen todo aquello que enarbolaban como ideales.
El último sainete del caso Cuauhtémoc Blanco, pulveriza el significado de la llegada de una mujer al poder. La frase “Llegamos todas”, reventó en las placas de acero, frente a Palacio Nacional, tras la protección a un abusador sexual. Y no es el único. Félix Salgado Macedonio es otra mancha para el historial de Morena y la 4T. Luego fue el rechazo a crear una Comisión Especial que Investigue las Desapariciones en México.
La visión es de un Estado en descomposición. Por mucho que nos desagrade Donald Trump, no debemos olvidar los dichos del mandatario estadounidense. “El gobierno mexicano tiene una alianza intolerable con los cárteles del narcotráfico”; “México está dirigido en gran medida por los cárteles”. Son afirmaciones, no insinuaciones.
Algunos cárteles del crimen organizado, debilitados por la virulenta reacción de Estados Unidos, podrían convertirse en falanges del partido en el poder, no sólo para garantizarles el voto y la permanencia, sino para postular a sus propios candidatos a alcaldes, gobernadores y diputados locales. Pero la presidenta se desgasta y debilita la investidura, con debates sobre los “campos de exterminio”, en medio de una auténtica crisis de desaparecidos.
El chat Grok de la red X, precisa que la Secretaría de Gobernación ha reportado 125,287 personas desaparecidas, con un corte al 22 de marzo de 2025. Señala que el 90% de estos casos, ocurrieron desde 2006. Pero la presidenta Sheinbaum dice no entender a qué se refieren los grupos de Derechos Humanos cuando hablan sobre crímenes de lesa humanidad en México. Ella dice que “no es el Estado, eso era antes”. Evidentemente la mandataria tiene una enorme confusión.
El robot Grok señala que la cifra de desaparecidos:
“… refleja una crisis significativa en las últimas décadas. Estas cifras son dinámicas y pueden variar ligeramente según las actualizaciones del registro, pero representan la magnitud del problema hasta la fecha más reciente disponible”.
Amnistía Internacional define CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD:
Son crímenes cometidos como parte de un ataque general o sistemático contra civiles en tiempo de paz o de guerra, que incluyen tortura, desaparición forzada, homicidio, esclavización, deportación y actos de violencia sexual y de género, incluida la violación.
Es una “crisis”, pero la mismísima presidenta dice “no entender”. Esa declaración, por sí sola, pone en relieve la postura oficial del régimen al respecto: cero empatía, cero sororidad, ninguna solidaridad. Hay un prurito de auto exculpación y de exaltación de una autoridad moral que ya no tiene Morena, AMLO, ni la 4T. Los hechos lo demuestran.
Por ejemplo, la semana pasada, con risa burlona y un gesto de desprecio, Claudia Sheinbaum dijo que no hay posibilidad alguna de una futura alianza con el PRI, y subrayó “¡…maginense, con “Alito”!, intentando copiar el tono y las formas del expresidente. En las redes sociales la tundieron. Aparecieron infinidad de imágenes de priistas conversos a la 4T.
Remataron las fotografías con textos mordaces: “Morena no es distinta”, “La misma voracidad por el poder”, “La misma trapacería”. Junto con ello, imágenes de Gerardo Fernández Noroña o de Andrea Chávez, como ejemplos acabados del abuso, la soberbia, la socarronería juntas. “No son como los de antes, son peores”, fue el colofón de algunos de esos “Memes”. Pero la presidenta busca “bots” y “campañas” pagadas, de los adversarios.
Para rematar, en el recuento de los daños, tenemos la multa al ex rector de la UNAM, Enrique Graue, una bofetada a todos aquellos que se dicen “Pumas de corazón”, como la propia Sheinbaum. El agravio viene de quien pretende presidir la Suprema Corte, Yazmín Esquivel, esposa del que fue constructor favorito de AMLO en la jefatura de gobierno del otrora DF.
Bajo estos parámetros, México se enfila a una elección del Poder Judicial que sólo busca entronizar el poder de Morena en todo el territorio nacional pero que, en términos reales, no será de ninguna utilidad para la sociedad. Morena empieza a repetir los mismos errores en que incurrió el PRD. Las pugnas internas se multiplican como esporas, con grupos de choque incluso más violentos que las llamadas “tribus” de aquel.