Tras bambalinas

Arranque desastroso
Por JORGE OCTAVIO OCHOA. Lo dicho: la Presidenta Claudia Sheinbaum, tiene que apresurar ya, sus iniciativas para poner fin a la reelección en el Poder Legislativo y en las alcaldías, así como disminuir el número de diputados y senadores de la República.
A como están las cosas, los factores reales de poder los mantiene López Obrador. Los 22 gobernadores y todos los miembros de Morena en el Congreso de la Unión son de él. La obediencia y la lealtad se la deben a él, hasta que ella dé un manotazo de disciplina entre los suyos.
El primero ya ocurrió, cuando dijo tajante: “La presidenta de México se llama Claudia Sheinbaum Pardo”, “él se fue a Palenque y ahí está desempeñando su nuevo periodo de reflexión y escritura”. Así busca acallar las especulaciones de que “aquel”, gobierna tras bambalinas y ella será “otra nopalita”
Sin embargo, ella misma ha propiciado este ambiente, al retomar el lenguaje del tabasqueño, con acusaciones al pasado (Calderón y Zedillo), y no haber hecho ni un solo llamado de unidad a los opositores. Se convirtió en la primera mujer con el más alto cargo, en medio de un último desplante misógino del ex presidente.
Para empañar más su ascensión, 6 migrantes fueron baleados por militares, lo que pone en entredicho el debate interminable sobre la militarización de la Guardia Nacional y la incapacidad del Estado para someter al orden a la horda de funcionarios corruptos, coludidos con el crimen organizado.
Luego, el 2 de octubre que “no se olvida”, con el fantasma de otro crimen de Estado, Ayotzinapa, que dejó sin resolver su antecesor, y una disculpa pública de los que dicen ser la generación del 68, pero cohabitan ahora con el nieto del general. Son simbolismos en los que, el perdón y la culpa, conviven.
Porque ella, hija del 68, nombró secretario de Seguridad, a Omar García Harfuch, al que muchos Morenistas no quieren, e incluso impidieron llegar al gobierno de la CDMX, por la intangible culpa de ser nieto de Marcelino García Barragán, el que masacró y torturó estudiantes del 68.
Ahora pide perdón por otros, en un inútil lavado de manos. Son crímenes de Estado que quedan como visiones en el imaginario social. Es, pues, un arranque desastroso de sexenio. Todo esto, en medio de la desgracia. Otra vez Acapulco. Ella acudió igual que “el de antes”, a la base naval, sin visitar a los pobladores.
Hasta el último minuto de “el de antes”, la patanería, el machismo. La presidenta de la Suprema Corte, Norma Piña, fue literalmente arrinconada, ignorada, por una mayoría legislativa de Morena, PT y PVEM, soberbia, arrogante, aplastante, que todavía sigue a su macho Alfa de Morena.
Vestidas de negro, las mujeres del PAN tuvieron que subir a lo alto del recinto, para arropar a la Ministra, para acallar el desplante de un presidente que fue altanero por igual con las mujeres durante todo su mandato: con las feministas, con las madres buscadoras, con las madres de los 43 de Ayotzinapa.
Él, recorrió el pasillo central de San Lázaro, en medio de una exaltación extrema del hombre. Casi 20 minutos entre abrazos, remolino de cuerpos y manos que lo tocan, se toman selfis, detienen su paso, hasta que llega a la cumbre del recinto.
Ella, hizo el mismo recorrido en menos de 5 minutos, y requirió otros dos para rendir protesta. Una dolorosa liturgia. Ifigenia Martínez desfallece, no se puede levantar. Es sostenida por Claudia Sheinbaum y López Obrador.
No le permitieron ni leer el que sería su último discurso. Ella murió, 4 días después de ese último y descomunal esfuerzo. Al igual que Porfirio Muñoz Ledo, ella tampoco verá en qué acaba, aquel movimiento transformador, que buscaba terminar con la hegemonía del partido de Estado. Que en paz descanse.
La sombra del encono flotó aquel día, como mal augurio, en ese que llaman “Palacio Legislativo”, que más parecía la cueva de Alí Babá. Los agravios y los insultos menudean, en un país que anhela todavía una era de concordia y civilidad. Desde ahí siembran el odio, la división social y la pugna entre Poderes.
Lo más delicado ahora, es que además de la polarización y la confrontación, empezamos a vivir una profunda ruptura institucional, en la que los miembros del “sistema político” ya no se respetan. Los marcos de la ley están rotos. Unos y otros violan todo. Esto puede desencadenar en una crisis más grave de lo que se creía.
Así, México va directo a la autarquía, que puede devenir en autoritarismo y, por último, en dictadura, por el sólo hecho de pensar diferente, por querer analizar o revisar, antes que aceptar a ciegas, las órdenes de los que se dicen mayoría.
Eso es lo que ocurre en estos momentos, luego de que 8 ministros de la Corte anunciaron su decisión de estudiar una posible controversia constitucional, en torno a la iniciativa de Reforma Judicial del ex presidente, aprobada por el Senado de la República.
Se trata sólo de un análisis, pero las ministras Loretta Ortiz y Lenia Batres dicen que es un intento de “golpe de Estado”. No se sabe de qué libros abrevaron sus teorías de Estado de Derecho y División de Poderes cuando ahora todos ellos están en desacato.
Las consultas a mano alzada, que retoma graciosamente Claudia Sheinbaum como legado de AMLO, tienen un corte más fascista que democrático. Su origen viene de la Rusia comunista, cuando en 1921 consideraban enemigos a todos aquellos que pedían votaciones secretas y proclamaban libertad de expresión.
Pretenden dejar el proceso de elección de jueces y ministros, no sólo en el ámbito de dos organismos a los que van a reformar e incluso desaparecer, como son el INE y el Tribunal Electoral, sino en manos de dos personas que están bajo sospecha de tener graves conflictos de interés.
Guadalupe Taddei, presidenta del INE, y Mónica Soto, presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), no han aclarado por qué dos de sus familiares trabajan para la ministra Yasmín Esquivel Mossa, esposa del constructor consentido de AMLO, José María Rioboó.
Se dice que el hijo de la primera, Luis Rogelio Piñeda Taddei, trabaja como Secretario Auxiliar II, con un sueldo de 85 mil 825 pesos, pese a no cumplir el requisito legal de dos años de experiencia, mientras que Eligio Soto López, papá de la segunda, trabaja como asesor. Por ese sólo hecho, deben renunciar.
Pero “el sistema” siempre se sale con la suya. Pactos de Silencio, como Ayotzinapa. Otro crimen de Estado. Esos, “los de antes”, los de “izquierda”, guardan silencio, para proteger al factor que ahora los protege. Ocultan el rostro, engañan a la población, es el juego de los “perdones”.
Mientras, la oposición se revuelve en sus hedores. Alito y Markito al frente. PAN y PRI impotentes, silenciosos. El “macho” de Macuspana ríe, burlón. Militarizó a la Guardia Nacional, como no pudo hacerlo Peña Nieto, y ha provocado una guerra con el narco en Sinaloa, como lo hubiera querido hacer Calderón.