Observador ciudadano/Enrique Bautista Villegas
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OBSERVADOR CIUDADANO
A DEBATE: LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS
Enrique Bautista Villegas.
El tema de la pertinencia o no de la legalización de las drogas se ha vuelto recurrente en México en los últimos años. Sin embargo la mayor parte de los políticos mexicanos le rehuyen porque tienen la percepción de que abogar por su reglamentación reduciría su popularidad, o incrementarían su impopularidad, frente a la ciudadanía que ve en ese tema un tabú.
En este como en otros asuntos el país se mueve por imitación a partir del ejemplo que nos dan los vecinos del Norte. Y como ya allá esta discusión se ha vuelto el pan de cada día es previsible que en un futuro cercano su eventual legalización vuelva a ser tema en lo medios, y muy probablemente materia de análisis, discusión y hasta de trabajo legislativo, en el Congreso de la Unión.
En lo personal soy de los ciudadanos que opinan que la legalización de las drogas sería una acción que lejos de estimular su consumo, envenenar a la juventud, y generar riesgos de salud pública, contribuiría a ofrecer enormes beneficios a la sociedad, como viene sucediendo en los países en donde este proceso se ha dado con responsabilidad y reglas claras.
Baste citar el caso de Holanda, país reconocido por su libertad en el uso de la mariguana y su permisividad en el consumo de diferentes drogas, y al que de ninguna manera se puede señalar como protector de narcotraficantes o promotor de consumidores. Lo mismo sucede ya en países como Uruguay, o ciertos estados del vecino país del Norte, en donde recientemente se ha venido aprobando la legalización de la mariguana para fines médicos y aún recreativos sin efectos negativos para la sociedad, en el sentido de que estimulen a la población a volverse consumidores, si no lo son. Por el contrario, se habla de que en algunas entidades estales estadounidenses donde la cannabis se comercializa con fines recreativos, los beneficios no han tardado en aparecer: los ingresos fiscales derivados de impuestos especiales generados a partir de su comercialización constituyen ingresos públicos de importante cuantía; el consumo por parte de la población no solo está significando la formalización de consumidores que hasta hace poco tiempo practicaban su uso en la clandestinidad, si no su identificación, y la despenalización está contribuyendo a que el tráfico y comercialización deje de ser un negocio para las bandas de narcotraficantes.
De acuerdo a diversos estudios de especialistas en el tema, la legalización y reglamentación en el uso de las drogas contribuiría a reducir el crimen y la violencia derivada de conflictos entre las organizaciones de traficantes de drogas, pequeños distribuidores y consumidores, víctimas de los anteriores (ver el artículo del Premio Nobel de literatura peruano, Mario Vargas Llosa, en la más reciente edición semanal latinoamericana del periódico español El Pais “La percepción de las drogas” https://elpais.com/elpais/2018/02/02/opinion/1517593500_050863.html).
Algo similar sucedería con la siembra, la producción y la comercialización de sus precursores, a partir de darle un manejo diferente a cada una dependiendo de sus características propias, riesgos y efectos. No es lo mismo la mariguana, que las opiáceas, las alucinógenas, o las químicas. No es lo mismo su uso para fines médicos que para fines recreativos.
Desde luego que una medida de esa naturaleza debiera de ir acompañada de una politica integral de información sobre los riesgos que implica el consumo de diferente tipo de sustancias para fines recreativos, con el fin de desinhibir su uso, como se ha hecho con el tabaco durante los últimos años con magníficos resultados.
Sobre este tema, resultaría de utilidad revisar una experiencia vivida en México poco conocida por su breve tiempo de aplicación, pero ilustrativa y rica por la enseñanza que dejó en el tiempo en que estuvo vigente.
Durante el último año de su gobierno, el General Lázaro Cárdenas del Río, a petición y sugerencia de una grupo de médicos y académicos, encabezados por el Dr. Leopoldo Salazar, funcionario del entonces Departamento de Salud, mediante un decreto administrativo publicó en el Diario Oficial de la Federación el 17 de febrero de 1940 (hace 78 años) el “Reglamento Federal de Toxicomanías”. Mediante este instrumento el gobierno cardenista legalizó y reglamentó el uso de las drogas, a través de la supervisión del Departamento de Salubridad Publica y la participación de médicos titulados (ver: http://www.dof.gob.mx/nota_to_imagen_fs.php?cod_diario=191983&pagina=5&seccion=1 ).
De acuerdo al académico Froylán Enciso, en su libro: Nuestra historia narcótica, Editorial Debate (citado en:
https://regeneracion.mx/lazaro-cardenas-habia-legalizado-las-drogas-en-1940/ y en http://www.yaconic.com/nuestra-historia-narcotica-entrevista-con-froylan-enciso/) señala que el Dr. Leopoldo Salazar y el grupo de trabajo que encabezaba contrastaron el costo y efectos de la persecución; dándose cuenta que tenía más repercusiones el combate al narcotráfico por la violencia que generaba, que la legalización.
Los promotores del reglamento de referencia y el propio Presidente Cárdenas pensaban que “la persecución de los viciosos es contraria al concepto de justicia… toda vez que debe conceptuarse al vicioso más como enfermo a quien hay que atender y curar, que como verdadero delincuente que debe sufrir una pena”.
En la exposición de motivos del Reglamento citado se señala:
“Que el único (resultado) obtenido con la aplicación de (la normatividad vigente hasta entonces) el reglamento de 1931, ha sido el del encarecimiento de las drogas y hacer que por esa circunstancia obtengan grandes provechos los traficantes.”
Desafortunadamente la vigencia del reglamento en cuestión fue efímera ya que el gobierno estadounidense amenazó y presionó al gobierno de mexicano con bloquear la importación de medicamentos si no volvía a criminalizar las drogas.
De acuerdo a Enciso: “Tristemente la medida de Cárdenas sólo duró unos meses (hasta septiembre de 1940) pues Estados Unidos se opuso. Ellos lo que necesitaban era regular el mercado de drogas, sobre todo la morfina para los frentes de batalla de la segunda guerra mundial. No estuvieron nada de acuerdo con esta política de que los consumidores estuvieran en manos de médicos en lugar de vendedores.
“Estados Unidos amenazó al gobierno de Lázaro Cárdenas con suspender el comercio de medicinas y al mandatario mexicano “no le quedó otra que desistir de esa política, pero dejaron un antecedente que vale mucho la pena analizar. Yo no creo que sea un fracaso, la evidencia es que los narcotraficantes estaban enojadísimos.
“El “experimento” en la legalización de las drogas, duró poco… (pero) a partir de entonces se garantizó el desplazamiento de la Secretaría de Salud sobre el tema, para confirmar el dominio de la Procuraduría General de la República. Se dejó de hablar de un tema de salud pública, y se garantizó las criminalización de la producción, comercialización y consumo”.
Me parece que el momento político electoral es propicio para que los aspirantes a presidir el país y participar en el poder legislativo abran el debate y fijen su posición de llegar a obtener el triunfo.
Tan importante resulta el trato que se dé en años futuros al narcotráfico y a las actividades que conforman su cadena productiva y de consumo, que su adecuado manejo puede ser la llave para empezar a superar la crisis de violencia en que está sumido el país y tiene aterrorizada a la mayor parte de la población. Además, su adecuado manejo contribuiría a la reconstrucción de los tejidos sociales actualmente en estado de deterioro crítico, y a dar un fuerte impulso a la generación de empleo bien remunerado y a la inversión productiva.