Comunalidad

El 2025 es el Año Internacional del Cooperativismo, un acicate para los socios cooperativistas y una oportunidad para la población en general para sumarse a procesos que permiten identificar bases sociales colaborativas, prosociales (ver Quadratin Gerardo Herrera), comprometidas con el bien común, ya en procesos productivos, de consumo o bien de ahorro y préstamo.
Llevar a cabo procesos de comunalidad, permiten impulsar que más miembros comunales se sumen a las tareas del cooperativismo; es que, la comunalidad, esa forma de entender y vivir la vida basada en la interdependencia, la solidaridad, el respeto al territorio y la gobernanza colectiva, es una respuesta a la imposición de valores y prácticas externas que buscan borrar la identidad y autonomía comunal con una visión individual y egoísta.
Los ritmos estratégicos que cada una de las cooperativas en Michoacán o en México se impulsan por sus directivos derivados de las decisiones de la asamblea para sumar cada día más personas que pueden detonar sus valores, virtudes, y principios cooperativistas en el fortalecimiento del movimiento nacional de una economía social, nos permite considerar la importancia que tiene la cooperación en la organización social para el trabajo común.
En este sentido, la comunalidad es importante porque representa una forma de vida y organización basada en la cooperación, la solidaridad y el respeto hacia el territorio y la comunidad. La comunalidad permite preservar y promover sus tradiciones, lengua, conocimientos y prácticas ancestrales, manteniendo viva su identidad cultural lo que da sentido a la pertenencia.
A través de la cooperación y la participación activa con responsabilidad de todos los miembros (tequio, jornales, encargos de la asamblea, trabajos sociales sin retribución), la comunalidad fomenta la unidad y la solidaridad de manera endógena, reduciendo conflictos y fortaleciendo los lazos sociales, a lo que se le ha dado en llamar cohesión social, es decir promueve la confianza, la identidad y pertenencia, los valores sólidos que no los líquidos o de inmediatez, así como una mayor convivencia, que genera fraternidad, y promueve la participación.
Por otro lado, la comunalidad se basa en una relación respetuosa con el entorno natural, es decir, con los elementos de la naturaleza: agua, aire, luz, tierra, promoviendo prácticas sostenibles que aseguran el uso responsable de los recursos y la conservación del medio ambiente para esta generación y las próximas generaciones alejándose de las prácticas individualistas y egoístas que refuerzan los procesos de poder para el control, el sometimiento y disciplinamiento de los cuerpos.
Jaime Martínez Luna, antropólogo oaxaqueño, teórico del concepto de comunalidad nos habla acerca de la importancia de la asamblea comunal, porque es ahí, donde se toman las decisiones de manera participativa y en comunalicracia (democracia para lo occidental, comunalicracia para la epistemología del sur) que facilita el que todos los integrantes tengan voz, valor y poder para ejercer su voto, empoderándolos y garantizando que sus necesidades e intereses sean atendidos.
Otro dato más que aportar a la comunalidad es la resiliencia, es decir, la capacidad para enfrentar y adaptarse a cambios y desafíos externos, como crisis económicas, los cambios medioambientales, incluso los desastres naturales y la presión económica derivado de los recursos naturales con que cuentan. En este sentido, desde lo económico, tal vez sea esto lo más importante o significativo, es su forma de organización que prioriza el bienestar colectivo sobre lo individual, con lo que se desprecia las dinámicas capitalistas y neoliberales que a menudo generan opresión: invisibilidad, estigmas, prejuicios, exclusión, discriminación, violencia, muerte, discurso de odio que hoy viven diferentes sectores sociales.
El reto de impulsar acciones desde el modelo de la comunalidad permite fortalecer un esquema para la supervivencia y el desarrollo en el marco de la equidad, la justicia social y la sostenibilidad, con lo que podríamos seguir afianzando los elementos que definen la comunalidad: 1) La Tierra como madre y como territorio (espiritualidad y sostenibilidad); 2). El acuerdo en asamblea para la toma de decisiones (comunalicracia); 3) El servicio gratuito como ejercicio de autoridad (el poder no solo manda también obedece); 4) El trabajo colectivo como un acto de recreación y; 5) Los ritos y ceremonias como expresión del don comunal.
Finalmente, otros teóricos que nos hablan acerca de la comunalidad: Floriberto Díaz, Jaime Martínez Luna, Ana Luisa Villalba y Miriam Calvillo Velasco, así como quien esto escribe Gerardo Herrera. En este sentido, Miriam Calvillo Velasco, explora la comunalidad como una práctica y visión del mundo arraigada en la cultura originaria, y el cómo esta práctica sirve como forma de resistencia, crítica y lucha a los paradigmas de desarrollo y crecimiento económico tradicionales, a todo ello que llamamos progreso para legitimar el modelo económico.
Finalmente, en el Día Internacional de la Mujer, no es solo comprender el modelo patriarcal que vivimos y su dinámica de violencia contra las mujeres y niñas, sino el esfuerzo que debemos de apreciar de las mujeres originarias quienes en una interseccionalidad viven la opresión y exclusión para la toma de decisiones no solamente en sus espacios, sino en general en el ámbito regional o nacional. Reconozco el trabajo que hoy realizan las mujeres que se suman a las tareas en la toma de decisiones de gobiernos autónomos, no solo al estar al frente, sino en realizar las actividades para el fortalecimiento de la comunidad.
Decir que es tiempo de mujeres, es muy importante, porque estamos trabajando para ello, porque están, porque tienen derechos, y porque deben de asumir su voz, valor y poder para llegar a la toma de decisiones, porque deben ser visibilizadas. En efecto, desde la comunalidad, también es tiempo de mujeres originarias.